Drama pobreza vergonzante

El nuevo SISBEN ¿Generador de pobreza?

Una Realidad Invisible en la Clase Media de Colombia

Mendigo pidiendo limosna

Análisis crítico del Sisbén y su desequilibrado modelo para la distribución de los subsidios

Introducción

Inicialmente tengamos en cuenta que la pobreza no solo es falta de ingresos, sino también aspectos como, por ejemplo, el acceso limitado a servicios de educación, vivienda y salud, altas tasas de mortalidad infantil, abandono de ancianos y reducidas posibilidades de conectarse con el resto del territorio que las familias afectadas no ocupan.

Para este fin, el DNP (Departamento Nacional de Planeación) en Colombia, adaptó una propuesta basada en un modelo y un indicador denominado IPM – Índice de Pobreza Multidimensional, con el cual se mide la pobreza desde cinco dimensiones y quince variables.

Para medir la pobreza se analizan las condiciones de vida de los habitantes a partir de los ingresos del hogar o unidad de gasto.

Para lograrlo, establece un nivel de ingreso mínimo por persona para adquirir una canasta de bienes alimentarios y no alimentarios, que le permitan un nivel de vida adecuado.

Como la pobreza se mide por hogares (promedio de 4 personas), aquellos que estén por debajo de ese mínimo, serán considerados como hogares pobres. Lo anterior se conoce como Línea de Pobreza.

Hay una segunda medición donde se establece un nivel de ingreso mínimo por persona para adquirir una canasta solo de bienes alimentarios. Aquellos hogares que estén por debajo de ese mínimo, serán considerados como hogares pobres extremos. Lo anterior se conoce como Línea de Pobreza Extrema.

Sin embargo, a estos indicadores, ni el DANE ni el DNP suman las cifras de la Pobreza Oculta o Vergonzante.

En nuestro país se presenta un fenómeno denominado Pobreza Oculta o Vergonzante, que hace referencia a las personas u hogares ubicados en los estratos 3, 4 y 5, en muchos casos propietarios o arrendatarios de viviendas ubicadas en barrios reconocidos, pero que no poseen los recursos suficientes para cubrir todas sus necesidades básicas.

Los expertos definen este problema como el cambio en los hábitos de compra y consumo de familias, que tenían un alto poder adquisitivo pero, por cambio de trabajo u ocupación, bajos ingresos o la pérdida del empleo, se han visto sometidos a un panorama de pobreza, que se complementa con la expresión “vergonzante” porque quienes la viven sienten pena de revelarlo y se niegan a aceptarlo.

Un SISBEN generador de Pobreza Vergonzante: Una Realidad Invisible en la Clase Media de Colombia

Existen múltiples mecanismos para generar pobreza: la drogadicción, el alcoholismo, el juego de azar, la ignorancia, los malos dirigentes, etc., entre varios otros más.

En adición a lo anterior, hay otro potentísimo generador de pobreza que se camufla dentro de lo que se conoce como «subsidio perverso«, que es aquel a través del cual, un gobierno (como es el caso del actual que estamos intentando soportar), impulsa una campaña de promover y otorgar subsidios con un fin populista, induciendo a que las personas con plena capacidad de trabajo productivo, se desmotiven y se acojan más bien a este tipo de subsidio que recibirán a cambio de no hacer nada, fuera de mantener la fachada de aparente carencia de fuentes de empleo apalancada en una nefasta desinformación.

Pero así como algunas de estas causales son evidentes y su simple denominación nos permite una rápida asociación con la pobreza, otras, igual o superiormente lesivas, a manera de un oculto virus letal, operan en la sombra y/o se camuflan en la desinformación, en el discurso embaucador y en la promesa halagadora en su superficie pero, nefasta y destructora en su doble fondo. De esta peligrosa ancheta, extraigamos dos: la ignorancia y el nuevo SISBEN, focalizándonos por ahora en éste último.

Para ubicarnos en contexto, tomemos los siguientes indicadores oficiales difundidos por el DANE, algunos de los cuales hacen más complejo aún el entendimiento de la realidad nacional:

  • Población registrada para el año 2023: 52.215.503;
  • Pobreza multidimensional[1] al cierre de 2022: 12,9% de la población total;
  • Pobreza monetaria[2] al cierre de 2022: 37%;

[1] Pobreza Multidimensional, según el DANE: es una medición que incluye la evaluación de las condiciones educativas del hogar, de la niñez y la juventud, el trabajo, la salud y acceso a servicios públicos y vivienda (¿?).

[2] Pobreza Monetaria, según el DANE: se mide en la capacidad de una persona para adquirir una canasta básica y servicios mínimos. La línea de pobreza monetaria es el valor en dinero que necesita una persona al mes para adquirir una canasta básica de alimentos, servicios y otros bienes mínimos para vivir. Si una persona tiene un ingreso menor a este valor se considera en situación de pobreza monetaria (¿?).

Resumen sobre el Sisbén como modelo asistencialista

El Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales (Sisbén), es una entidad del Departamento Nacional de Planeación de Colombia creada durante el gobierno de Ernesto Samper (en 1995). Este caracteriza a la población en situación de pobreza para poder acceder a beneficios sociales y económicos por parte del Estado Colombiano.

Según información “oficial” del actual “Gobierno” (¿?), más de 41 millones de colombianos están afiliados a este servicio representando casi el 80% de la población total ¿Será cierto esto? ¿O será otro dato manipulado para fines políticos oscuros que no tolera ninguna contradicción?

Aunque este es un tema que por sus implicaciones y vicios ocultos trataremos con mayor detalle en un próximo artículo, al modelo para el otorgamiento del subsidio para VIS (Vivienda de Interés Social), por ejemplo, poco a poco le van cambiando, no solo el nombre al programa, pues ahora se identifica como “Mi Casa Ya”, sino también las reglas de juego, radicalizada esta manipulación en el Gobierno Petro pues, por ejemplo, recientemente para las familias que ya habían resultado favorecidas con la calificación para hacerse acreedoras al tan discutido subsidio, pasaron abruptamente de ser declaradas comohabilitadas” para recibir el beneficio, a engrosar filas en un nuevo grupo de menor rango y posibilidad de acceso, denominado “estatus de interesados”.

Es decir, crearon un nuevo “limbo” ¿Con qué propósitos? Ve tú a saber.

Deben adicionalmente, volver a empezar el proceso gestionando un nuevo formulario que no inventó esta cuestionada administración, pero sí le brinda una linda oportunidad para hacer manipulaciones denominada “Encuesta Sisbén IV”.

Debe también reubicarse “el interesado” en una categoría inferior según el nivel de ingresos y someterse a una nueva clasificación mucho más subjetiva, que le da mayor peso a factores cualitativos, altamente especulativos y moldeables al antojo del oscuro personaje que tenemos como gobernante.

Esta adicional sustracción de subsidios para aquel sector de la clase media que bordeaba la frontera con las supuestas “clases menos favorecidas”, la manipula la actual administración dándole un despliegue periodístico de noticia que, haciendo uso nuevamente del discurso populista y tergiversado de Petro, muestra descaradamente que gracias a estas nuevas medidas, logrará incrementar el promedio de subsidios otorgados por año de 33.000 a 50.000.

¿Dirigible esto al sector que más lo necesita? Rotundamente NO, pues el personaje nefasto requiere distraer la atención pública y retomar algo de la credibilidad entre el “sector ignorante” que votó por él y le permitió la culminación exitosa de su campaña.

Características del nuevo SISBEN

El Sisbén organiza los grupos familiares de acuerdo a su situación socioeconómica en diferentes grupos, que son Grupo A, B, C y D. La información se obtiene a través de encuestas que se realizan a cada grupo familiar (supuestamente).

Pero estos 4 Grupos en realidad, al considerar los Subgrupos del modelo, se convierten en una complicada telaraña de 51 grupos en total (por ahora).

Las personas clasificadas en el Grupo A son las que están en extrema pobreza; las del Grupo B en pobreza moderada, las del Grupo C son vulnerables y las del Grupo D son no pobres ni vulnerables, por lo cual es el único grupo que no necesita ayuda del estado.

Hagamos un breve paréntesis para asociar esta clasificación del grupo A con lo mencionado en la introducción de este artículo: “Línea de Pobreza Extrema: …déficit de ingreso mínimo para adquirir canasta básica alimentaria…”.

Con esta interpretación sesgada relega a un segundo grado de importancia el marginamiento de la educación (¿Será mera coincidencia que al pensamiento ideológico de la nueva política de izquierda, le interese una creciente masa poblacional cada vez más ignorante?), y otras causales de pobreza que igualmente quedan por fuera del ámbito de influencia de esta clasificación.

Los beneficios teóricos por parte del Sisbén son: el acceso totalmente gratuito al sistema público de salud mediante las diferentes EPS (Entidades Prestadoras del Servicio de Salud) que existen en el país, ya sean públicas o privadas, a las personas o grupos familiares clasificados en los grupos socioeconómicos  A y B.

Las clasificadas en el Grupo C, deben asumir un pequeño copago, y las del Grupo D no solo no reciben subsidio alguno, sino que deben asumir un copago más alto y pagar un impuesto adicional identificado como “Contribución Solidaria”.

Otros beneficios marginales de carácter monetario que ofrece el Sisbén son: Renta Ciudadana (antes llamado Familias en Acción), Programa Jóvenes en Acción, Programa Adulto Mayor, Subsidios para adquisición de Vivienda de Interés Social (VIS), entre otras ayudas complementarias para el costo de los servicios públicos, transporte público, preferencia en mejoramiento de infraestructura pública para los “sectores marginados”, etc.

Panorama actual

La lucha contra la pobreza es un desafío global que afecta a países en desarrollo y a economías emergentes por igual.

Colombia, al igual que otros países tercermundistas, ha implementado una serie de programas y subsidios gubernamentales destinados a aliviar las condiciones de vida de la población más vulnerable.

Sin embargo, existe una paradoja poco reconocida que involucra a los estratos socioeconómicos medios del país, una paradoja que arroja luz sobre lo que podríamos llamar «La Pobreza Vergonzante«.

El estrato 1 y la porción vulnerable del estrato 2 son los beneficiarios principales de los programas gubernamentales de asistencia. Subsidios económicos varios, planes de salud gratuitos como el Sisbén, y otros beneficios están dirigidos hacia estos segmentos de la sociedad.

Esto es crucial para brindar un apoyo necesario a quienes, supuestamente, se encuentran en condiciones de pobreza extrema y altamente vulnerables. Sin embargo, en el proceso de focalizar estos programas, parece haberse generado un drama invisible en la clase media, especialmente en los estratos 3, 4 y 5.

La clase media, que en un momento gozó de una cierta estabilidad y calidad de vida, está experimentando lo que podría denominarse «Pobreza Vergonzante».

Aunque no caen en la categoría tradicional de pobreza extrema, se enfrentan a una realidad igualmente desafiante.

Estas personas a menudo luchan en silencio, sintiendo que sus problemas no son lo suficientemente graves para recibir asistencia, pero al mismo tiempo enfrentando dificultades financieras y sociales significativas.

¿Por qué esta situación de «Pobreza Vergonzante»? Existen múltiples factores que contribuyen a esta problemática.

En primer lugar, el sistema de puntuación y clasificación establecido por el gobierno puede pasar por alto las necesidades de la clase media, considerándolas como económicamente solventes y, por lo tanto, no merecedoras de ayuda.

Esto, sin embargo, no refleja la realidad completa, ya que la pérdida de empleo, la inflación y otros factores económicos pueden afectar severamente a estas personas.

Además, hay una cierta estigmatización asociada con recibir ayuda pública, incluso entre aquellos que alguna vez fueron parte de la clase media.

La idea de depender de la caridad pública puede generar sentimientos de vergüenza y humillación, lo que lleva a muchas personas a resistirse a buscar la ayuda que realmente necesitan.

La presión social y la percepción de la propia imagen pueden tener un impacto significativo en la disposición de la gente a buscar apoyo.

Es esencial reconocer que la «Pobreza Vergonzante» en la clase media es un problema real y válido.

Esta situación afecta la calidad de vida de un segmento importante de la población colombiana.

Las dificultades financieras, la inseguridad laboral y la falta de acceso a servicios básicos pueden tener un impacto duradero en la vida de las personas y sus familias.

Para abordar este problema, es crucial desafiar los estereotipos y los prejuicios asociados con la recepción de ayuda pública.

Las organizaciones no gubernamentales y las instituciones, como AgroEscritorio y su campaña de búsqueda incansable de soluciones contra la pobreza , desempeñan un papel vital al arrojar luz sobre esta situación invisible y alentar a la sociedad y al gobierno a tomar medidas.

Se necesitan políticas y programas que reconozcan y aborden las necesidades de la clase media en tiempos de crisis económica y social.

En última instancia, el drama de la «Pobreza Vergonzante» en la clase media es una llamada de atención para repensar nuestras percepciones sobre la pobreza y la asistencia.

La solidaridad y el apoyo mutuo no deben limitarse a ciertos estratos sociales; deben ser valores fundamentales que guíen nuestras políticas y acciones. Reconocer y abordar este problema es un paso importante hacia la construcción de una sociedad más inclusiva y equitativa para todos sus ciudadanos.

Realidad para la clase media vergonzante

En la vida real y el mundo de hoy, con un horizonte bastante oscuro en cuanto a posibles soluciones en el corto plazo, una familia de clase media vergonzante, si quisiera acceder a alguno de los beneficios del Sisbén, por ejemplo, debería poder demostrar que reune los siguientes requisitos como mínimo:

  • No puede tener una cuenta bancaria, pues estas entidades están obligadas al reporte ante la DIAN[1], y el Gobierno parte de la premisa que alguien de “pobreza extrema” no tiene ingresos, fuera de los subsidios y ayudas económicas que este organismo les da;
  • No puede tener casa propia ni acceder a Vivienda de Interes Social, pues no clasifica como válido para el Sisbén;
  • No puede estar ubicado en barrios o sectores de estratos socioeconómicos superiores al 2, aún así la vivienda ocupada no sea propia sino tomada en arrendamiento;
  • No puede tener ninguna actividad económica lucrativa registrada en Camára de Comercio, pues esto sería incongruente con su supuesta situación de “pobreza extrema o alta vulnerabilidad”;
  • Y así otros ingredientes absurdos que no es del caso mencionar.

Como conclusión, se encuentran en el más absoluto y total desamparo, viviendo un círculo vicioso de encierro autodestructivo, agravado por el señalamiento y discriminación social, que trae consigo una presión sicológica potencialmente dañina para todo el grupo familiar.

Por el contrario, para las familias clasificadas como de “pobreza extrema”, el panorama es bastante más promisorio y atractivo.

Desafortunadamente, muchos de los integrantes de estas familias se han especializado en el negocio de la “mendicidad” y explotación de la caridad pública como fuente adicional de ingresos, en algunos casos altamente lucrativa e incentivante para que se involucren fuerzas oscuras de la delincuencia organizada.

Y lo grave es la evidencia de la tendencia creciente, con efectos más lesivos aún que el Covid-19, para que más personas, dejen de lado su plena habilidad y capacidad de trabajo productivo, para acojerse más bien a este esquema de «subsidios perversos» promovidos por un gobierno populista.

Hemos conocido casos aberrantes de mendigos que, explotando la caridad pública con bebes alquilados y en muchas oportunidades drogados para que no molesten a los “clientes”, alcanzan a facturar promedios superiores a los COP$200.000 diarios, es decir que “trabajando” 30 días al mes (pues cuentan con el incentivo económico de no invertir nada, contar con el sostenimiento asistencialista del estado y en cambio recibirlo todo), alcanzan los COP$ 6.000.000 mensuales equivalentes a unos USD$ 1.500 o sea, casi cinco (5) veces el Salario Mínimo Legal Vigente para 2024 al que puede acceder un trabajador honesto cuando dedica toda su capacidad para una labor realmente productiva y constructiva de la economía formal de la cual dependemos todos.

Entonces si seguimos dando “limosna” a los personajes oscuros de los semáforos y “pobrecitas familias” estratégicamente ubicadas en los sitios de mayor afluencia de peatones, ingenua e irresponsablemente, estamos financiando mafias y patrocinando un modelo altamente destructivo de la economía, tranquilidad y seguridad en nuestros países.

En cambio, ¿Qué estamos haciendo para apoyar a los ciudadanos honestos, caídos en desgracia, con niveles intelectuales superiores pero, adoleciendo coyunturalemente de “pobreza vergonzante”?

Te invito a reflexionar sobre ello. Afectuoso abrazo.

AgroEscritor

Publicación ISAN-0049-050424. (Actualizado con nuevo contenido)

[1] Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia.

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